¿Feliz Navidad?

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Una amiga me criticó con razón porque mi tarjeta digital de felicitación de la Navidad era muy escueta. Además de ser escueto por naturaleza, no soy hábil en el manejo de las fantasías digitales. Pero por encima de esto está el hecho de que la Navidad es un día al que encuentro cada vez más raído.

Ante todo hay que discutir en casa de quien será la reunión familiar y hay que de ponerse de acuerdo sobre quien traerá que cosas, dos hechos que pueden ser muy conflictivos en algunas familias.


Después viene la gran preparación para la Navidad: la compra ansiosa y desenfrenada de regalos. Las personas que se encargan de estas compras (generalmente mujeres), viven días de angustia haciendo las listas, eligiendo que le puede gustar a cada uno, recorriendo lugares. Los precios suben y los comerciantes se regodean. Hasta que por fin se llega a la Nochebuena.

Quienes son creyentes van a misa para celebrar la llegada de la Compasión. Jesus trae la Compasión a un mundo salvaje y en un mundo donde se mataban los unos a los otros dijo que nos amáramos los unos a los otros. Los que no son creyentes pueden también celebrar la llegada de la Compasión, aunque no vayan a misa, porque este es un cambio que nos toca a todos.

De todas formas las familias se reúnen a comer y cuando llegan las doce algunos brindan. La mayoría no tiene la menor idea de porque lo hace. Lo hace de la misma manera en que brinda el 31 de diciembre. ¿Cuántos piensan al brindar que lo hacen por la alegría de que ha nacido Jesus?

Por fin en un momento determinado de la reunión, llega el tiempo de los regalos, se cantan los nombres, se entregan a cada uno, se abren, se dan las gracias, se dicen que son bonitos aunque no nos gusten y se van poniendo junto a los demás que se llevarán luego a casa.

Lo único que va quedando como un hecho significativo de la Navidad es que hay muchos regalos y que el 24 y el 25 son feriados. Por esto mi tarjeta digital es escueta, porque tendría que desear a cada uno que celebrara con recogimiento la llegada de la Compasión y del Amor a un mundo que era salvaje y que ha vuelto por sus mejores fueros en una sociedad donde la solidaridad ha desaparecido como filosofía social y ha dejado lugar a la caridad aislada de cada persona o grupo y donde la competencia a todo nivel y de todo tipo no reconoce límites.

En esta sociedad más que nunca deberíamos recordar el mensaje de Compasión y de Amor. Pero esto de decir que se “debe hacer” o que “habría que hacer” no tiene mucho interés ya que todo el mundo está muy ocupado en conseguir su siguiente deseo.

Fuente: Jaime Maristany

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