Justificar lo bueno y lo malo

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Asistimos en todo momento, cuando nos acercamos a alguna WEB religiosa, a la exposición de toda una panoplica de "bondad", a la muestra pública del ejercicio del bien... Alguna que otra vez también aparece una oveja negra. Es el caso, esta semana, del obispo canadiense atrapado "in fraganti" a su regreso al hogar con su cosecha pedófila.

En sí no debiera preocupar ni merecer mayor comentario el que entre tanta bondad se cuele la maldad, ínsita en la naturaleza humana. Pero ya es significativo que en estos casos sea mayor el "morbo" con que la gente normal observa tales desviaciones.

Ambas situaciones dan pie a entrar en lo que ello significa y lo que tales conductas llevan detrás.


Suelen poner como argumento de verdad el innumerable ejército de personas buenas que han producido las creencias, porque sin tales creencias no se hubieran sentido estimulados a realizar tales acciones.

No conocemos las estadísticas del pasado, que "por supuesto", "siempre fue mejor", pero sí tenemos experiencia del presente: personas buenas hay tanto entre los "crédulos" como entre las "personas normales".

Lo mismo se puede decir de los malos... perdón, "se podría decir". ¿Por qué este condicional? Por una razón bien simple, porque "ellos", por profesión, se consideran dedicados al trabajo de “la perfección”, deben ser buenos. Por eso resaltan más las conductas desviadas y por eso deben ser objeto de ludibrio.

Insistimos porque las razones que esgrimen para "justificar" conductas pervertidas entre los "suyos" son de esta guisa: También somos humanos... En todas las profesiones hay personas malas... Donde hay hombre, hay maldad...

La única diferencia es ésa, que el resto de los ciudadanos han elegido como profesión ser porteros, médicos, oficinistas, políticos... donde sólo rige una moral, la ética profesional.

"Ellos", en cambio, han elegido una profesión, "la santidad", que les obliga a ser mejores que nadie. Deben ser buenos "por profesión".

Y ni en lo malo ni en lo bueno, hay diferencia significativa: personas entregadas a los demás hay en igual proporción entre la gente normal que entre "ellos". Lo vemos a diario en los hospitales, por ejemplo.

La sanción para "sus yerros" rara vez supera el inocuo concepto de pecado; para las otras "perversiones" se rigen por las leyes del ciudadano corriente.

Siempre la eterna confusión y mezcolanza de lo humano y lo divino que nada soluciona y todo lo desquicia.

Fuente: Periodista Digital

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