Los vecinos, ¿conflicto o pataneria?

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Las relaciones con nuestros vecinos son muy especiales, sobre todo, las que se dan en el mismo bloque de viviendas.

El hombre es un animal social y su medio de adaptación biológica es la convivencia con las personas. Surgen como consecuencia, distintas categorías en nuestras relaciones que engloban afectos, parentesco, trabajo, negocios, aficiones, y un largo etcetera.

De todas ellas, tal vez sea la figura del vecino de nuestra comunidad la más curiosa.
De entrada se nos impone sin posibilidad de elección (obviamente siempre podremos cambiar de domicilio pero no es fácil), y penetra en nuestras vidas como un observador sin permiso alguno.



Controla nuestros horarios, las visitas que recibimos y hasta el supermercado y las tiendas que solemos frecuentar.
Decide mancomunadamente el color de la pintura del portal o el tipo de azulejo; y cuándo, cómo, y qué obras y reparaciones hay que hacer o deben dejar de hacerse.
Instala varias tomas de antena en su vivienda en detrimento de la calidad de señal para las plantas inferiores o traslada la cocina a la galería sin extractor alguno, impregnando de olor a barbacoa la ropa tendida.
Nos desvela a grandes voces sus discusiones familiares y nos obliga a celebrar los éxitos deportivos de su club preferido.
A veces no paga en los plazos establecidos las cuotas de comunidad o pleitea con los demás por imponer un gusto estético diferente en la fachada del edificio.
Si además dispones de urbanización, los problemas se multiplican con el uso de la piscina y las canchas de jugar al tenis.
El uso del zapato de tacón para andar por casa, un volumen excesivo del equipo de sonido, el hábito de fumar en el ascensor o la falta de respeto dejando la puerta del mismo abierta para que no pueda usarse, forman parte de experiencias cotidianas que todos hemos padecido alguna vez.
Si además se trata de un vecino con el que compartías tertulias y café en tu casa o la suya, lo normal es que la relación se deteriore con el tiempo y quedes en situación de gran desventaja emocional porque utilizará tus confidencias para hacerte daño.
Cuidamos las formas en el centro de trabajo, en las superficies comerciales y en las salas de espera, si bien hay excepciones, pues una de las señas de identidad del patán es su incapacidad para esperar su turno sin soliviantarse.
Pero en líneas generales, la sociedad ha creado estrategias para obligar a comportarse en esas situaciones a la gente.
Sin embargo, se da una transformación radical cuando se accede al bloque donde vives.
Si en la consulta del médico se aguanta la espera con hilo musical de fondo, cuando se llega al domicilio, se sube el volumen sin importar si se molesta; si los restos de un aperitivo en el centro de trabajo con compañeros se recogen cuidadosamente, en casa a veces se arrojan por la terraza tras una mirada furtiva ocultando el mantel hasta comprobar que nadie observa, craso error por cierto.
Por no hablar de la transformación del personaje cuando actúa en debates de escalera para debatir asuntos comunes.
¿Es patanería pues la esencia del hecho de ser vecino? O por el contrario, ¿es lucha por defender el microcosmos?
¿ Es la forma más vulgar de ser social, o donde más acentuamos la insociable sociabilidad que llevamos dentro?
La ciudad es el mejor producto de la cultura y su desarrollo ha permitido progresar en las ciencias y las artes.
Creo que no es arriesgado afirmar con un cierto tono de humor, que quedará en el futuro como reducto de negocios y servicios, de hecho en occidente se va imponiendo el modelo.
¿Nos iremos a vivir al campo en el futuro?
El nuevo éxodo será abandonar las urbes por culpa de los vecinos.


Fuente: Antonio roman sanchez

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