Diversidad de realidades

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Hay una realidad distinta por cada persona. A menudo la sociedad se vuelve descreída y paranoicamente lógica. Uno tras otro los principios científicos se vuelven dogmas de fe y condicionan totalmente nuestra visión de la existencia, manteniéndose única y exclusivamente dentro del espectro de lo demostrable, dentro de una burbuja de límites bien definidos y sin ansias de conocer lo que hay en el exterior.

Seguimos conociendo todo aquello que vemos y palpamos cada día, pero las cosas verdaderamente importantes, las que no tienen explicación aparente, son las descartadas por la ciencia como excepción confirmante o locura transitoria.


Un sueño premonitorio, un déjà vu, una serendipia, experiencia extracorporal, telepática o curación milagrosa. Todo esto no son más que errores cerebrales, apreciaciones incorrectas de la teórica del caos, de la relatividad o placebos. Pero he de recordar que no en todos los lugares la cienciología se manifiesta veraz y que en extraña ocasión es capaz de definir conceptos de tipo “paranormal” sin salirse de los cánones.Todos conocemos a alguien (o lo sufrimos en nuestras carnes) que haya sido víctima de enfermedad y se ha curado milagrosamente, sin el tan beneficioso tratamiento de la medicina actual.

Muchos sueñan cosas que después, por un motivo u otro, suceden. Quién no se ha preguntado alguna vez si ésto ya lo ha vivido. O porqué cojo el teléfono justo antes de que suene. Puede que las serendipias sean las leyes que rigen la causalidad del universo, y no su casualidad.En cualquier caso, pocos son capaces de defender a fe ciega que no hay nada detrás de la casualidad, el fallo neuronal o la enfermedad mental.

Entonces, si esto es así, ¿por qué nos empeñamos en tirar por tierra todo testimonio chocante con las “leyes de la física” si al acostarnos, por la noche, experimentamos cosas similares? Tal vez necesitemos una reedición de esas leyes teniendo en cuenta otros fenómenos físicos, o tal vez simplemente baste con ser menos hipócrita.

Y es que cuando hablamos de realidad física obviamos que cualquier observación de la misma es un acto totalmente subjetivo y está condicionado por el individuo. Según este principio, ninguna teoría puede ser totalitaria u objetivamente acertada.Como ejemplo dentro de lo científico, Stephen Hawkings publicaba recientemente su “Brevísima historia del tiempo” para mentes neófitas en complejidad matemática o física.

En él cuestiona (o redefine desde la perspectiva del nuevo siglo) las grandes verdades de la ciencia general. Léase Newton o Einstein, en tanto a que sus teorías ahora mundialmente aceptadas siguen teniendo esas pequeñas lagunas que sólo son visibles en los grandes cálculos. Si el átomo ya no es indivisible, si el tiempo ya no es absoluto, ni la gravedad. Ni la mente humana.

¿Qué es absoluto? ¿Acaso nuestra existencia? ¿Nuestra realidad?Recordando las enseñanzas de Don Juan y la totalidad de la obra de Carlos Castaneda, así como los paralelismos con el chamanismo tibetano de la tradición Bön Po o incluso con las prácticas hindúes actuales (el chamanismo tibetano también existe en la actualidad, en todas las escuelas budistas tibetanas y se conforma en su mayoría de experiencias extracorporales, de los cuatro caminos causales, etc.) llego a la conclusión de que no son sino paralelos tratados acerca de la realidad o de su significado. O del nuestro.

Son diferentes percepciones de experiencias que para el sujeto sucedieron de ese modo, percepciones incuestionables desde el punto de vista humano. La ciencia no puede descartar teoría, eso es negarse a sí misma.

La ciencia se vanagloria de su capacidad de investigación y objetividad, y ésta debería comenzar por contemplar cualquier posibilidad, incluída (tal vez la más importante) aquella que pueda derribar los altos muros alzados siglos atrás.Nos dicen que el destino es evolución, que no hay un significado, sino una sucesión de acontecimientos.

Yo digo que hay una razón para cada uno, una cuestión que resolver y un propio camino que andar, un sendero que no solemos coger porque se sale de la carretera bien asfaltada que conocemos.En el documental “¿Y tú que sabes?”, que fue estrenado hace un par de años, un grupo de científicos, escritores, periodistas y personas de mayor o menor influencia académica nos hablan, también para los neófitos, de la física cuántica o física de las posibilidades.

Es maravilloso comenzar a entender que los pilares de la realidad no están ni definidos ni son absolutos. Desde este punto de vista, entonces, cualquier cosa es posible. Y así es que el mundo, en cada nuevo día, nos demuestra que es capaz de cualquier cosa con sucesos de toda clase. Entre péptidos, átomos, teorías de las cuerdas y demás ejemplificación técnica gráficamente educativa, nos dice que la mente puede influir en ese tejido que estamos empeñados en ver inquebrantable e impertérrito. Que podemos interactuar con la realidad.

En el mismo documental habla de la ya mítica “mutación” de las moléculas del agua por causa del pensamiento. Simple y llanamente. Y hace bien poco en ese fabuloso programa que es Cuarto Milenio se nos alentaba a realizar el simple experimento de hablarle al agua.

Pero todo esto no es nuevo. Desde siempre es sabido que los cultivos crecen más o menos dependiendo del amor que se les ponga, que los animales en ocasiones entienden lo que se les dice, incluso se puede hipnotizar a algunas personas.

La voluntad, expresada en voz, en acción o simplemente en pensamiento, contiene un poder. Querer es poder, y hasta ahora las únicas barreras que tenemos son las que nos hemos impuesto nosotros mismos.

La voluntad de curarse puede ser mejor remedio que cualquier medicamento experimental, la voluntad de reencontrarse con alguien o de escrutar nuestros sueños puede tejer la realidad. Hilvanar haces de luz que, como diría don Juan Matus, salen de nuestro estómago y recorren la existencia, el Nagual y el Tonal, se atan inconscientemente a lo que deseamos y producimos nosotros, aun sin saberlo, nuestro propio destino.

Para mí la voluntad del hombre ha quedado demostrada como una de las mayores fuerzas del universo, en cuanto a que aún no ha conocido límite, en cuanto a que ni siquiera se acepta científicamente como fuerza operante fuera de nosotros. La fe mueve montañas. Yo digo que la voluntad de moverla, bien entendida, es capaz de hacer que la montaña venga.

Todos los demás experimentos son como árboles, como búsquedas del grial, son los árboles que no nos dejan ver el bosque. Contemplamos, examinamos y medimos todas y cada una de las piezas del puzzle de nuestra existencia, pero aún no hemos tenido la voluntad suficiente para observar lo hermoso del encajar todas las piezas y lograr un gran y único objetivo.Vivir.

Fuente: Jesús Remis Fernández.

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