El Perdón Es Para Tí

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Muchos de nosotros queremos resultados rápidos, queremos resolver nuestros problemas en un dos por tres. Pero cuando se trata de nuestros sentimientos, de nuestra programación, de nuestras emociones, tenemos que tener un poco de paciencia.

Seamos realistas, no vamos cambiar 20, 30, 40, años, de la noche a la mañana. Eso no significa que no haremos nada al respecto, al contrario, trabajaremos con ahínco para que, poco a poco, vayamos transformando nuestras vidas.


Yo pienso que vale la pena, no importa el tiempo. Para unos puede ser más rápido que para otros, pero lo importante es ir dando paso tras paso, hasta lograr el objetivo: ser mejores personas y de esa manera, hacer que nuestro mundo sea un lugar agradable para vivir.

Siempre recuerda esto: el perdón es para ti, no para la persona que te causó dolor, la herida la llevas tú en tu pecho, aunque la otra persona también se beneficia con tu perdón. Cuando decidimos perdonar recuperamos el poder que habíamos perdido tornándonos víctimas de nuestro agresor, y cuando nos apropiamos de esa fortaleza interna ya no necesitamos jugar el juego de víctima y victimario, ya no necesitamos echar la culpa a los demás, sencillamente porque nos hacemos responsables de nuestros sentimientos. Por lo tanto, perdonar es un acto de amor hacia nosotros mismos, consecuentemente es también un acto de amor para los demás.

Observa a un niño; está lleno de amor, de pureza e inocencia, el perdón es innato en él. Cuando éramos niños también teníamos esas características, pero con el pasar de los años nos olvidamos de quien realmente somos, los perfectos hijos de Dios.

Nuestra esencia sigue ahí, nunca la perdimos. El perdón nos ayuda a recordar quien somos, nos conecta con nuestro niño interno, con nuestra divinidad y con la divinidad del otro.

Nuestro trabajo aquí es rescatar esa conexión con nuestra esencia, ¿cómo? Aprendiendo a Perdonar, dejar que el perdón entre en nuestras vidas. Dejar partir la rabia y el resentimiento, porque si permitimos que permanezcan dentro de nosotros y en la medida que alimentamos esas emociones se trasforman en odio, y entonces se hace más difícil soltarlas. El perdón es una poderosa herramienta, que si estamos dispuestos a usarlo, nuestra vida cambiará completamente, nada volverá a ser como antes, el pasado se quedará atrás y ya no le daremos poder para destruir nuestro presente.

El perdón se aprende, y todo depende de en cual medida estemos dispuestos a perdonar. De nada sirve si tu dices de la boca para afuera: “Ah.. ok, yo lo voy a perdonar…” o, “Está bien, te perdono”, si en el fondo no perdonas. El perdón para ser efectivo tiene que ser hecho de corazón, con la firme certeza que el mayor beneficiario serás tú mismo.

Es muy dañino llevar una herida por mucho tiempo, muchas enfermedades son causadas por la falta de perdón. Se ha demostrado científicamente que el perdón mejora la calidad de vida de quien lo practica. Hay muchos beneficios: aumenta la autoestima, te da esperanza, te hace una persona más abierta, y seguramente mejora las relaciones personales.

Fuente: Mario Moriani

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