Sólo Huéspedes En Esta Tierra

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El volverse viejo comienza con el quejarse mucho de lo penosa que es la vida terrenal: que pasa tan deprisa, que también la riqueza material, que él, la persona, había reunido con tanto esfuerzo y que era la obra de su vida, prácticamente su existencia, también se desvanece, y que al final de sus días uno está solo.

El lamentarse y quejarse de una persona tal sólo se refiere a lo temporal. Habla del marchitarse y de aquellas personas que presuntamente han destrozado lo “bello” que había en su vida. Piensa sobre lo dulce que fue su juventud y que ahora en la vejez ya no tiene ningún significado, y en otras cosas por el estilo.


Quien sólo gira en torno a sí mismo, es viejo, no importa cuantos años cuente su vida terrenal. Las personas que sólo se ocupan de sí mismas no han vivido su vida en la juventud ni en la mitad de sus vidas. Se han dejado llevar por sus pensamientos, también por sus deseos, añoranzas, ideas y pasiones, y día tras día, desde la mañana hasta la noche, han estado ocupadas sólo de sí mismas y de sus mecanismos de conquistas materiales.

Nosotros los seres humanos distinguimos entre la juventud, ser maduro y ser viejo. Sin embargo, la edad en años, no ha de asociarse al ser viejo. De esta forma, más de una persona de edad puede aún cumplirse muchas cosas, en el caso de que en su juventud haya tenido en sus manos las riendas de su vida.

Si pudiese hablársele a la juventud en el corazón: ¡Aprovecha cada etapa de la vida para tu crecimiento y madurez espirituales! Pues madurez espiritual significa en la vejez felicidad y una vida con sentido.

A la persona que en su juventud y hacia la mitad de su vida haya aspirado a una formación más elevada de su carácter, también le resultará posible cortar en la vejez la rosa de su vida, lo que significa surtirse cada día más del manantial de la vida, pues la vejez vivida no conoce renuncias, sino el cumplimiento de la vida. Las personas de edad ejercitadas en aprender, hacen que en la vejez se aviven los tiempos valiosos y hermosos de la juventud, que las conducen cada vez más hacia el interior, hacia el hogar eterno.

Algún momento cada uno de nosotros sentirá y comprenderá que sólo somos huéspedes en esta Tierra, que no podemos guardar ni conservar nada porque para cada uno de nosotros llegará la hora en la que tendrá que dejarlo todo, tanto las riquezas como también el ser pobre. Sólo la vida verdadera, vivida, tiene significado, no así el placer por la vida terrenal.

Es una ley de la naturaleza que el rendimiento del cuerpo va cediendo con los años. Sin embargo, el espíritu permanece despierto y permanece vivo en lo más interno de la persona. Quien no haya dejado nunca de exigirse a sí mismo, considerando y aceptando los acontecimientos del día como tareas y como pasos de aprendizaje, en la edad avanzada encontrará una renovación espiritual y experimentará la realidad, con la que se gana vida.

Nunca es demasiado tarde para encontrar lo bueno en uno mismo, pues la vida no viene desde el exterior, si no desde el interior. La verdadera vida nos regala paz y certeza internas, que enriquecen en calidad de vida a la persona. El entender, analizar y vivir el día otorga seguridad interna y fascinación. Este es el camino hacia el Reino de Dios, pues toda persona es sólo huésped en esta Tierra.

Fuente: Vida Universal

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