¿Otra forma de conocer?

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Es un asunto para mí recurrente y que, como licenciado en asuntos de la mente, me perturba, inquieta y persigue: ¿cómo conoce, y admite, el hombre las verdades divinas? ¿por qué las acepta si su mente las rechaza?

Los que hemos pasado años estudiando "teorías del aprendizaje" y similares para llegar a conclusiones elementales --"el alma está en el cerebro", que dice E.Punset--, sabemos algo sobre los mecanismos cerebrales del conocer. Pero hete aquí una novedad aportada por...


Es la gran novedad epistemológica de las RELIGIONES DE CREENCIA, la de que propugnan "otra forma de conocimiento" que no es el racional.

Sus afirmaciones (copio):

...existe un conocimiento que es peculiar de la fe...; verdades en las que casi instintivamente cree...; como una intuición que accede...; hay un doble orden de conocimiento, distinto no sólo por su principio, sino también por su objeto...

La mayor parte de los crédulos no se hace preguntas de este cariz: simplemente "cree" y basta. Pero es ésta la lógica que les asiste, la de verse obligados a admitir una forma de conocer que justifique verdades y conceptos que nos vienen dados sin evidencia racional alguna, pero que "pueden" ser admitidos por la razón, como admite la razón el cuento de "Los tres cerditos".

Es ésta una opinión –la de la “admisibilidad”-- una y otra vez esgrimida por los teólogos creyentes. Podríamos llamarla también "de no repugnancia" a la mente. La mente "comprende", "entiende" tales verdades, pero no las puede "admitir" como tales: es decir, no son verdades, son creencias.

Como tales verdades no pueden ser "comprendidas" por la razón y dado que el conocimiento de las verdades reveladas espantan a la "otra" vía de conocimiento --sentido común,científico--, buscan el otro subterfugio: como sí pueden ser "admitidas" por la razón, ¡son verdad! La razón "comprende" qué quiere decir "nacimiento virginal" y "transustanciación", "Espíritu Santo", "ángeles custodios", "cuerpo místico", "cielo e infierno"... lo mismo que comprende "botas de siete leguas" y "Barba Azul". Pero la razón "sabe" que eso no constituye "verdad". Afirmarlo como verdad es, pues, una irracionalidad.

Este soberbio galimatías circular es otro de los últimos trágalas para hacer compatibles fe y razón: dado que a la razón no repugna una verdad revelada, hay que aceptar dicha verdad.

Añadamos otra irracionalidad más, la de que, para dicho conocer, la razón tiene el socorro inapreciable de la ayuda divina, la "gracia". Sin la ayuda de la gracia la razón ni comprendería ni admitiría las verdades reveladas. Más o menos es así lo que afirman. Realmente choca tanto y de tal manera todo esto con lo que las "ciencias de la mente" enseñan que, una de dos, o debe caer por tierra lo uno o debe desaparecer lo otro.

Pero, tercera irracionalidad, hay que admitir esas verdades ¡porque además consuelan y salvan! ¡Claro que adorar, hablar, confiar en el Jesús sacramentado puede consolar! Es un hecho. Pero tal consuelo ¿es garantía de verdad?

Anselmo de Canterbury queda a años luz de tal avance "científico" que, aunque elaborado durante siglos, ha sido explicitado "con mayor profundidad" en nuestros días.

Fuente: Periodista Digital

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