Los Nuevos Prestamistas

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Las casas de empeño (compra-venta) o las tiendas de segunda mano han cobrado un nuevo auge con la actual crisis económica. Para muchos ciudadanos, este tipo de negocios es la solución más rápida para obtener dinero en efectivo. Una joya heredada, una cama hinchable o un taladro pueden convertirse en efímeros salvavidas.

Colas, colas y más colas... El aumento del desempleo, el encarecimiento de los precios, la subida de los intereses y la restricción del crédito están provocando que muchas familias dominicanas tengan serias dificultades para llegar a fin de mes.

Ante la falta de liquidez, cada vez más ciudadanos acuden a las casas de empeño o las tiendas de objetos de segunda mano, establecimientos caracterizados por ofrecer dinero contante y sonante a cambio de bienes como aval de pago. Beneficiados por la crisis, los nuevos prestamistas del siglo XXI no dan abasto.


La explosión de la burbuja inmobiliaria explica, entre otras cosas, que Juan Pérez (nombre ficticio) esté al mediodía, en la calle Salcedo esquina El Carmen, sede de la Compra-Venta “El Mocano”, de la ciudad de San Francisco de Macorís. Juan es un Ex propietario de una inmobiliaria, viene a empeñar un reloj de oro que le costó 500 dolares. «Espero que me lo valoren en 200 para pagar las facturas de teléfono que debo», dice mientras espera su turno, el 67. En la sala de espera, hablan de su incertidumbre amas de casa, plomeros, electricistas, jubilados, inmigrantes…


No es la primera vez que este agente inmobiliario en crisis de 35 años, casado y con un hijo, acude a la Compra-Venta: hace un año empeñó una gargantilla que le regaló a su mujer por el aniversario de boda. Cuenta que su negocio funcionó muy bien hasta 2006. Pero la burbuja explotó, subieron los tipos y se paró la venta.

Asediados por la crisis. No ha llegado a esta situación por manirroto: «En cuatro años se ahorra mucho, pero en dos se gasta más», se lamenta. Ahora se gana la vida como comercial de Orange, pero sus ingresos no dan para cubrir sus gastos. A la salida se muestra decepcionado con la tasación de su reloj, 150 dólares (el porcentaje prestado sobre el valor de tasación es de un 71%) y se va sin empeñarlo. Como ocurre con la mayoría de los entrevistados para este reportaje, rechaza ser fotografiado.

Juan es uno de los 350,865 ciudadanos dominicanos que utilizan cada año las Compra-Ventas, pertenecientes a otras tantas cajas de ahorro.. Desde los años 70 no se cambian empeños por comida. Ahora se hace más bien para pagar servicios, como la factura telefónica.

Todos los estilos. Entre las personas que aguardan su turno sobresale una atractiva mujer de mediana edad. María Rodríguez, diseñadora de moda (modista), ha acudido al rescate de tres joyones: dos brillantes (uno con incrustaciones de zafiro y otro con piedra lunar) y una sortija gallonada con platino. Afirma que suele empeñar en la Compra-Venta «por seguridad, para evitar que me roben cuando salgo de vacaciones», pero a nadie le amarga un dulce: por el lote obtuvo 300 dólares, previo pago de intereses. «Tengo pocas joyas, pero buenas. La mayoría fueron de mi madre y tienen gran valor sentimental. Si se entera de que las estoy empeñando, le da un infarto».

Este comercio suele ofrecer menos del valor del producto. Si se trata de un empeño, el propietario tiene 3 meses de plazo para recuperarlo, con un 20% de interés. Además de joyería, aceptan ordenadores, material deportivo, instrumentos musicales, herramientas, pequeños electrodomésticos…

Los prestamistas del siglo XXI han lavado la imagen de las casas de empeño. Atienden a pie de calle y sus oficinas no distan mucho de las de un banco. Super-Efectivo sólo trabaja con joyas. «Máxima tasación», prometen. Dependiendo de la cotización de las alhajas. En esta pueden coincidir un ama de casa que viene a empeñar un Rolex para visitar al hijo que estudia en Santo Domingo; un jubilado que deja en depósito una funda de oro arrancada a su dentadura postiza, o una inmigrante haitiana que, con lágrimas, empeña un anillo.
La pieza empeñada se recupera devolviendo lo prestado más un interés del 12% anual, más un 6% anual por la custodia de la alhaja. «No queremos que la gente pierda sus joyas, nos conviene que vengan a recuperarlas», asegura el propietario.

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