MORIR DE HAMBRE, UN PROBLEMA DE PESO

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Se puede explicar, quizá hasta se pueda entender pero es imposible aceptar que 800 millones de personas se estén muriendo de hambre y una sexta parte de la población, es decir la friolera de mil millones de personas tengan problema de sobrepeso.

Así lo declaró Koffi Annan en la cumbre de alimentación de la FAO, a la que por cierto sólo asistieron dos jefes de gobierno de países desarrollados. También lo denunció el escritor angloindio Raj Patel. Sí, ha leído bien, en un mundo moderno, donde si se tiene la buena voluntad y el dinero se puede hacer llegar la ayuda de una punta del mundo a la otra en unas cuantas horas, mientras unos no tienen que llevarse a la boca los otros tiran la comida.


¿Podríamos entender o concebir que nuestro bebé muriera por hambre, porque no tiene que comer? Pues eso pasa cada cinco segundos, pero como eso sucede en el tercer mundo, con los pobres, con los que no hacen ruido, pues no hay problema. ¡La que se armaría si eso pasase en Europa o en cualquier país del primer mundo! Sin embargo, casi nadie sabe esas cifras, mientras que tenemos muy presentes los aproximadamente 3,000 muertos del 11 de septiembre, no hace falta decir más, con todo respeto para esas víctimas, que eran inocentes y ninguna culpa tenían, pero si lo vemos fríamente, a diario mueren 25,000 personas por desnutrición, lo que equivale a repetir a diario el 11 de septiembre unas 8 veces.
Creo que por ahí va el problema, el hambre es una cuestión de pobres, de gente que no vale, una noticia que nunca ocupará las primeras planas de los diarios del mundo como en su momento lo hicieron los ataques terroristas, porque incluso ahí hay que ver que este tipo de ataques, si son perpetrados en zonas en conflicto, zonas pobres, escasa repercusión provocan.

Pero como la realidad siempre supera a la imaginación, lo dantesco no termina ahí, es tan solo el comienzo. Hace un tiempo atrás fue desmantelada una red en la India que se dedicaba a extirpar riñones a gente pobre para transplantarlos a gente con dinero para comprarlos.
Ese desmantelamiento sólo es la punta del iceberg, en estos lugares de inmensa pobreza la gente vende uno de sus riñones por 800 euros para que después los traficantes lo revendan en países del primer mundo por precios que oscilan entre 17,000 y 34,000 euros, lo más irónico, esta gente vende esos riñones porque se están muriendo de hambre, para ser transplantados, entre otros, a personas ricas que tiene problemas renales por sobrepeso y exceso de proteína en la dieta. Más macabro imposible.

Cómo solucionar esta desgracia. Como se indica arriba, es un problema de pobres, por lo tanto intrascendente. ¿Acaso un problema tan grave como lo es la alimentación y el hambre tiene solución cuando la FAO convoca una reunión y sólo asisten dos jefes de gobierno de países desarrollados?. Muy difícil situación, un panorama muy negro, porque la esencia del mismo radica en una cuestión de autoconciencia, de poner un alto al voraz consumismo, de equidad social.

Es muy triste y tétrico decirlo pero quizá este problema no tenga solución hasta que se vuelva un verdadero problema para los países ricos, el día que los cinturones de miseria aprieten tanto que empiecen a ser una molestia para los países ricos, entonces en ese momento los dirigentes de esos países no resolverán y curarán el problema, no, por desgracia no, sólo lo paliarán, dando unas cuantas migajas para recuperar la mansedumbre.
Bien lo dice el proverbio, al pueblo pan y circo.

Fuente: OnSalud

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