Tecnología: Máquinas biológicas

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Un escarabajo de flores gigante revolotea, vira hacia arriba y hacia abajo, hacia la izquierda y a la derecha. Pero el insecto no es una plaga, y no está decidiendo su propia trayectoria. Un receptor implantado, un microcontrolador, una microbatería y seis electrodos cuidadosamente conectados (una carga útil más pequeña que una moneda de 10 centavos de dólar y con un peso menor al de un chicle), permiten que un ingeniero controle al insecto por medios inalámbricos. Al transmitirle impulsos eléctricos al cerebro y a los músculos de las alas, el ingeniero logra que el escarabajo levante vuelo, vire o se detenga a mitad del trayecto.

Michel Maharbiz, el creador del escarabajo, espera que un día sus insectos lleven sensores u otros dispositivos a lugares que sean de acceso difícil para humanos o que los trasporten robots terrestres como los que se utilizan en misiones de búsqueda y rescate. Los dispositivos son baratos (cuestan tan solo 5 dólares) y los componentes electrónicos son fáciles de construir con materiales disponibles en el mercado.

“Volando, pueden atravesar pequeñas fisuras y se les pueden poner sensores de calor diseñados para buscar supervivientes heridos. Algo que todavía no es posible hacer con sistemas completamente sintéticos”, comenta Maharbiz, profesor adjunto de la Universidad de Berkeley, en California (Estados Unidos).




La especialidad de Maharbiz es diseñar interfaces entre máquinas y sistemas vivientes, desde células individuales a organismos enteros. Su meta es crear “máquinas biológicas novedosas” que aprovechen la capacidad de las células vivientes para realizar movimientos, comunicación y computación exquisitamente precisos con un gasto mínimo de energía.




El profesor imagina dispositivos que puedan recolectar, manipular, almacenar y actuar a partir de la información de sus entornos. Un ejemplo puede ser el tejido para reemplazar órganos dañados, o mesas que se reparan a sí mismas o reconfiguran sus formas a base de datos del entorno. Maharbiz asegura que en 100 años, “estoy seguro de que habrá máquinas así por todas partes, derivadas de células pero completamente manipuladas”.


Los escarabajos a control remoto son la historia de un éxito temprano. Esos escarabajos integran información visual, mecánica y química para controlar el vuelo y realizan todo con un ápice de energía (un desafío casi imposible de realizar desde cero). A fin de utilizar al escarabajo como una herramienta sofisticada y útil como “robot” de búsqueda y recate, el equipo de Maharbiz tuvo que crear mecanismos de entrada y salida que pudieran comunicarse eficientemente con el sistema nervioso del insecto y controlarlo. Dichas interfaces ahora son posibles gracias a avances en las técnicas de micro-fabricación, la disponibilidad de fuentes de energía cada vez más pequeñas y la sofisticación creciente de los sistemas microelectromecánicos (MEMS).
Estos son dispositivos mecánicos diminutos que pueden ensamblarse para crear radios y microcontroladores.


Fuente: Technology Review

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