La Migraña: ¿Se puede curar?

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Cuando hablamos de migraña o jaqueca estamos haciendo referencia a un dolor severo de cabeza, que afecta generalmente a un sólo lado de la misma y que suele estar acompañado de nauseas o vómitos. Como regla general empeora con la luz (fotofobia), el ruido (fotofobia) o con el movimiento.

La duración de la migraña varía sustancialmente de un paciente a otro y de una crisis a otra. Mientras en unas ocasiones el dolor desaparece en unas horas, en otras se puede prolongar hasta cuatro días. Con la intensidad del dolor sucede lo mismo, para cada persona es diferente.



Esta enfermedad está causada por la dilatación de los vasos sanguíneos del cuello y de la cabeza, los cuales estimulan las terminaciones nerviosas provocando dolor. Suele afectar a familias, lo que presupone un componente genético, y en un porcentaje más elevado a las mujeres que a los hombres.
La franja de edad que más sufre de migrañas se enclava entre los 15 y los 45 años, aunque recientes estudios afirman que los niños en sus edades más tempranas, incluso en el útero materno, se pueden ver afectados por esta patología.

Existen dos tipos de migraña; unas, las llamadas clásicas o con aura, presentan unos síntomas previos a la aparición del dolor que pueden aparecer incluso dos días antes de que comience la jaqueca. Las otras, llamadas comunes o sin aura, suelen desencadenarse sin previo aviso.
El tratamiento para la jaqueca o migraña se centra en dos aspectos que deben ir siempre unidos. Por un lado la búsqueda y eliminación de los desencadenantes del dolor, por otro lado el control de los síntomas. Permanecer en una habitación oscura, fresca y sin ruido, aplicar compresas de agua fría, recibir un masaje en la zona del cuello o de la cabeza son técnicas no agresivas que permiten un alivio del dolor sin recurrir a los analgésicos.

Las personas que sufran esta enfermedad deben estar muy atentas a su dieta, ya que alimentos como el café, el chocolate, los plátanos, el alcohol y algunos aditivos alimentarios pueden ser desencadenantes de una crisis. También la falta o el exceso de horas de sueño, el estrés y la vida sedentaria. Por ello se recomienda una vida sana y una alimentación equilibrada, no para curar la enfermedad, que por desgracia la medicina aun está lejos de poder hacerlo, sino para controlar las crisis y evitar el dolor.
En cuanto al ejercicio es bueno precisar que los ejercicios recomendados son los aeróbicos, ya que los anaeróbicos, por ejemplo levantar pesas, conllevan la vasodilatación que afecta la irrigación cerebral, lo que agrava el problema en lugar de solucionarlo.

Fuente: Yahoo Noticias

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