Mens Sana In Corpore Sano

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Dejar de fumar, hacer más deporte, adelgazar... Comienza un nuevo año, 365 días por delante, y con ellos una lista infinita de propósitos. En ella siempre tienen cabida aquellos relacionados con nuestra condición física, y por consiguiente con nuestra salud.

Nuevos y mejores hábitos de vida que favorezcan un estado más saludable. Desgraciadamente, muchos de ellos no sobrepasan la barrera del propósito y quedan reducidos al papel en el que fueron ideados.


Una buena calidad de vida conlleva una alimentación equilibrada, variada y rica en productos frescos como frutas, verduras y hortalizas, que nos aporten las vitaminas y aminoácidos necesarios.

A esa buena condición física va unida una actividad deportiva, que ejercite nuestro corazón y evite o al menos retrase la aparición de diversas patologías unidas al sedentarismo.

Si bien todos somos susceptibles a mejorar nuestra calidad de vida, esto se acentúa a medida que cumplimos años, llegando a una vejez mucho más activa y saludable en tanto mejores hábitos tengamos. Pero, quizás sea en edad más avanzada cuando mayores cuidados necesitemos, tener una mayor conciencia de nuestras carencias, así como intentar sentirnos mucho mejor con nosotros mismos.

Tercera edad no es sinónimo de enfermedad, ni de empobrecimiento social o físico. Es evidente que cuando vamos cumpliendo años, añadimos achaques a nuestra salud, es por ello por lo que debemos fomentar, si cabe más, nuestra buena predisposición a realizar actividades saludables.

Uno de los males que más ataca con los años es la artrosis. Son muchas las personas que comienzan con cincuenta años a padecer esta enfermedad reumática, la obesidad y la falta de ejercicio empeora la patología, por lo que un ejercicio moderado y una dieta equilibrada logrará disminuir el dolor característico. Desde mi experiencia como terapeuta ocupacional siempre realizo un estudio previo del paciente, veo cuáles son sus hábitos, qué puede hacer para mejorar su calidad de vida y los dos pilares fundamentales para dicha mejora son la alimentación y el deporte.

La práctica de actividad física regular en la tercera edad es una de las prioridades en Salud Pública como forma de prevención de enfermedades crónico-degenerativas. Además de reducir el riesgo cardiaco, aumenta la flexibilidad, la densidad ósea y la masa muscular, pero tan importante como son los beneficios físicos, son los psicológicos. Practicar deporte de forma moderada supone entrar en contacto con otras personas, aumentando el círculo social y reduciendo la posibilidad de caer en un cuadro depresivo, tan característico en estas edades.

Como ya hemos mencionado, el deporte proporciona un aumento en la densidad ósea del individuo, es decir, fortaleciéndolo y previniendo posibles fracturas por golpes o caídas, debido a la osteoporosis. Cumplir años no implica anquilosarnos en un sillón viendo pasar los días y el ir y venir de nuestra familia, son muchas las actividades dirigidas a este, cada vez, mayor colectivo. Tai Chi, yoga, actividades grupales... que fortalecen la autoestima es algo muy recomendable.

Existen situaciones en las que el mayor pierde el interés por las cosas, se siente al margen de la vida social, llega incluso a pensar que es un estorbo para la sociedad, ve que su actividad ha dejado de formar parte del engranaje productivo, y eso merma su ilusión. En estas ocasiones es necesario devolverle el ánimo, alentarle y hacerle ver que está entrando en otra etapa de la vida, tan importante y bella como las anteriores.

La salud física va ineludiblemente unida a la salud mental, el apoyo por parte de familiares, amigos y profesionales es vital. Debemos ser conscientes de que las personas mayores tienden a resistirse más a los cambios en su estilo de vida, son más reacias a adoptar nuevos hábitos, por lo que debemos de mantener una actitud diplomática y comprensiva, animándolos a unirse a grupos y actividades que fomenten sus relaciones.

Como directora de Vitalia Centro de Día, veo el cambio que experimentan nuestros abuelitos. Decir que cuando llegan a nosotros adoptan una actitud más estática, en ocasiones nos dicen que ellos no quieren venir, pero que sus hijos les obligan... Esta reacción es lógica, y lo sorprendente es que al cabo de unos pocos días son ellos mismos los que se muestran tremendamente agradecidos en poder contar con nosotros. Se relacionan, son tratados por profesionales y sobre todo disfrutan de actividades grupales.

La idea de las frías y desoladoras residencias y centros de día está afortunadamente cambiando. Ahora son lugares acogedores, que dan al mayor el respaldo necesario para afrontar la vida con más entereza, y sobre todo cuidan a nuestros familiares mediante métodos y tratamientos específicos, aunando tres conceptos básicos: salud, actividad física y apoyo psicológico.

Fuente: Catalina Hoffmann Muñoz-Seca
Directora General de Vitalia Centros de Día
www.vitalia.com.es


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