Trabajar sobre objetivos puede tener consecuencias nefastas para las empresas

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Un estudio llevado a cabo por el profesor de la Wharton Business School Maurice Schwitzer ha puesto de manifiesto que la elección de objetivos empresariales puede hacer más bien que mal.

En 1969, al mismo tiempo que Estados Unidos se estaba preparando para alcanzar uno de los retos más importantes del presidente Kennedy, mandar un astronauta a la Luna, el afamado ejecutivo de Ford Lee Iacocca, mandó a su equipo de ingenieros un objetivo casi igual de ambicioso: diseñar un coche que pesase menos de 1.000 kilos, que costase menos de 2.000 dólares y que estuviera a la venta dos años más tarde, en 1971.

A primera vista, este reto parecía lógico: había que encarar por primera vez la carrera "low-cost" que ya estaban disputando los fabricantes de coches del resto del mundo en el mercado estadounidense.

El resultado fue el Ford Pinto, un completo desastre con consecuencias letales. Las medidas de seguridad básicas quedaron en un segundo término con tal de cumplir los plazos establecidos por Iacocca.
En particular, los ingenieros fracasaron al examinar la decisión de situar el tanque del combustible a sólo unos centímetros de eje trasero, por lo que cuando el Pinto sufría un accidente en esa parte trasera, muchas veces salía ardiendo, llegando a provocar 53 muertes y costosos recursos judiciales.
Este es un buen ejemplo de los peligros que tiene ponerse objetivos. Para cumplir esos objetivos, los empleados ignoran las prácticas básicas del negocio, poniendo en peligro la reputación de la empresa y violando los estándares éticos.
Esta lección, según sostienen en su artículo Schweitzer, no ha sido bien aprendida por muchas empresas; por el contrario, los objetivos demasiado ambiciosos "se han convertido en un mal endémico" en los últimos cincuenta años.
Según informa Knowledge Wharton, el estudio está lleno de ejemplos en los que la elección de objetivos ha tenido consecuencias desastrosas para una empresa.
En muchos de los casos expuestos, los expertos no acertaron a adivinar los problemas que causaría un objetivo demasiado ambicioso. Los objetivos puede que no sean tan buenos como parece.
Esta tendencia, tan extendida en el mundo empresarial (no importa el sector), hace que las empresas ignoren las prácticas básicas del negocio, además de, en muchas ocasiones, poner en peligro su reputación y su ética en pro de alcanzar esos objetivos.

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