Adán ¿Blanco o Negro?

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El avance de la civilización, contrariamente a lo que se esperaba, al resolver algunos antiguos problemas, en vez de disminuir las dudas las ha incrementado en grado superlativo.

En nuestros días, ya no dudamos de que la naturaleza está en continua evolución y que los terremotos y maremotos son causados por el choque de las placas subterráneas del globo y que seguirán produciéndose por tiempo indeterminado en el futuro.

Los adelantos de la astronomía nos han traído consigo los problemas de los agujeros negros, de la materia oscura, de los asteroides, de los nuevos planetas.

La medicina se ha enriquecido con el descubrimiento de los genomas y el famoso ADN, pero nos ha generado novísimas dudas acerca de si las enfermedades son al fin de cuentas todas hereditarias.

En filosofía, la disciplina de las dudas irresolubles, han surgido muchísimas otras que la antigüedad no tenía, pongamos por caso, si hay una sola materia universal, si la materia es nada más que energía.

La tecnología de los viajes espaciales ha creado el problema de saber si el ser humano puede viajar cientos de años luz sin morirse en el camino y, si en todo caso no muere, cuánto alimento y dónde debe llevarlo para mantenerse durante la travesía.

Entre tantas nuevas dudas creadas hay una que no se encuentra en ninguna lista: ¿era Adán blanco o negro?

La inquietud intelectual conduce de la mano a Juan Gregorio Mendel, ese silencioso monje y botánico austriaco del siglo XIX, quien en el humilde refugio de su jardín monacal descubrió sus célebres leyes de la herencia, conforme a las cuales de cuatro descendientes de un elemento blanco y uno negro, tres serán blancos y uno negro, y de cada uno de éstos, una intrincada red previsible de herencias.

Pero entonces, si los descendientes de Adán y Eva fueron blancos y negros hasta nuestros días, uno de los dos, Adán o Eva debió necesariamente haber sido negro. Y esta deducción nos lleva directamente al libro bíblico del Génesis donde se habla de la creación del hombre. Existen en dicha fuente dos versiones.

Conforme a la primera, Adán y Eva habrían sido creados uno y otra con barro amasado y luego insuflados de espíritu por soplos divinos, y conforme a la segunda, el Creador habría creado primero a Adán y de una costilla suya habría hecho a Eva.

Si confiamos en la primera versión, cualquiera de los dos podría haber sido negro, y si nos atenemos a la segunda, de un Adán negro habría surgido una Eva blanca.

El poeta gauchesco José Hernández tenía su propia opinión, que lamentablemente no pudo demostrar porque no era cantor letrado, y dividió la responsabilidad de otra manera.

No había en esos tiempos gauchos racistas, aunque algunos creían que
A los blancos hizo Dios,
a los mulatos, San Pedro,
a los negros hizo el diablo,
para tizón del infierno.
El poeta de las pampas, en su conocida payada con un moreno, pulsó la guitarra y versificó:
Dios hizo al blanco y al negro
sin declarar los mejores;
les mandó iguales dolores
bajo de una mesma cruz;
mas también hizo la luz
pa distinguir los colores.

Queda claro para el gauchesco argentino que Dios hizo a los negros y a los blancos sin distinción alguna, pero le faltó decirnos si lo realizó a través del barro o de una costilla.

El desconcierto se torna aún más intrigante cuando agrega lo de la luz. ¿Sería acaso por aquello de que los gatos son todos pardos de noche? ¿Nos habrá querido decir que aunque seamos iguales necesitamos la luz para ver que no lo somos? Tanta carga de ambigüedad sería ahora una anatema para el Concilio Vaticano II, una violación a los derechos humanos para las Naciones Unidas y una manifestación fascista para la convención de San José de Costa Rica.

Urge en tal sentido una aclaración de la Academia Argentina de Letras, corroborada por la Academia del Lunfardo, para reivindicar al vate rioplatense.

El más sencillo alegato sería afirmar que Hernández cometió un desliz conceptual por desconocimiento de la teología cristiana y de la lengua latina. Los hombres son todos iguales por el alma, pero menos iguales por los rasgos biológicos. Pensar por pensar, resulta más seguro argumentar que en el reino de los cielos no se ingresa por fotografías de color. De cualquier manera, ya se sabe que los espíritus son incoloros y transparentes.

Las dudas del siglo XIX han sido sobrepasadas por las dudas del siglo XX. Más desconcertantes son las dudas de los contemporáneos que las de los antepasados, mucho más las de los científicos que las del inocente hombre común.

Un grupo de hombres de ciencias y antropólogos andan desde hace tiempo en la búsqueda del cráneo de Adán. Como en los libros de las tres religiones monoteístas se mencionan las tierras del Medio Oriente, los científicos creen que el Paraíso Terrenal estuvo en proximidades de los ríos Éufrates y Tigris, y que en consecuencia, en alguna tumba de esa región ha de hallarse la de Adán.

Es de rogar que no la encuentren jamás, porque el paso siguiente sería estudiar su ADN para saber quiénes son sus parientes directos.

Fuente: http://terminoliterariouniversal.tripod.com/

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