Los Toros en Barcelona. ¿Cultura o crueldad?

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Si visitas Barcelona desde fuera de España, lo más probable es que no hayas hecho todo este camino sólo por el sol y la Sangría.
La cultura española es una de las más vibrantes y coloridas del Mediterráneo y hay miles de formas de experimentarla en la ciudad de Barcelona. Mientras que seguramente no encontrarás ningún reparo público al asistir a un espectáculo de flamenco o al admirar la arquitectura de Gaudí, puede que seas objeto de críticas si asistes a una corrida de toros.

Sin duda alguna, la industria de los toros en España es una de las más controvertidas. Los amantes de este deporte y los activistas de los derechos de los animales siguen chocando, unos defendiendo su legitimidad como deporte y otros alegando el bienestar de los animales que participan.

Los partidarios de este deporte argumentan que las corridas de toros son un arte, con profundas raíces culturales en la historia de España que deberían ser preservadas a favor de la tradición española.
Aquellos que se oponen a los toros consideran que es un deporte cruel, y que el atormentar a un toro enfadado y someterlo a tortura física es una violación de los derechos del animal y debería ser prohibido por ser una tradición bárbara. Barcelona es una de las tres ciudades españolas que todavía representa corridas de toros, junto con Madrid y Sevilla, principalmente entre Abril y Septiembre.
Mientras que la ciudad solía albergar tres plazas de toros separadas, hoy en día solo hay una en funcionamiento. La Plaza de Toros Monumental, que fue construida en 1914. En Abril de 2004, se presentó una petición en el Ayuntamiento de Barcelona, con más de 250,000 firmas en protesta contra este deporte como un acto cruel y bárbaro.
El teniente de alcalde, Jordi Portabella, también estaba a favor de la prohibición alegando “La capital de Cataluña, Barcelona, debe actuar como una capital y ser la pionera en la abolición de las corridas de toros”. Hasta cierto punto, la petición fue un éxito.
La ciudad se declaró como una “ciudad anti-taurina” y se prohibió la asistencia a los niños menores de 14 años, pero las corridas en sí no pararon. La crueldad contra el animal no es el único argumento levantado contra las corridas de toros.
En Barcelona, los residentes catalanes locales afirman que la razón por la que el deporte debería ser prohibido es porque es una tradición “española”, no catalana, y que la capital de Cataluña no debería apoyar un pasatiempo tradicionalmente español.
Alrededor de 100 toros son sacrificados cada año en Barcelona. Una corrida de toros es un proceso compuesto por tres partes, cada segmento señalado con una trompeta. En la primera vuelta, dos Picadores entran en la plaza a caballo. A los caballos se les tapan los ojos, y se arriesgan a sufrir heridas serias si el toro los pilla.
El objetivo de los Picadores es herir al toro en el cuello, causándole pérdida de sangre y debilitando al toro enfadado. En la segunda fase, dos Banderilleros entran en la plaza a pie, con el objetivo de perforar los fuertes flancos del toro con púas conocidas como banderillas.
Finalmente, el matador, la estrella humana del espectáculo entra con una muleta (capa), con el objetivo de evitar los cuernos del toro mediante una serie de rápidas maniobras, girando la capa en una especie de baile. Como colofón, el matador intentará matar al toro apuñalándolo entre los omóplatos, donde está el corazón. Si falla, tiene que retirar la espada e intentarlo otra vez.
La muerte del toro raramente es rápida y se requieren varios intentos de apuñalamiento antes de acometer el golpe final. A veces el toro está tan debilitado por la pérdida de sangre que no ofrece demasiada lucha, haciendo que su muerte sea algo más rápida, aunque menos excitante para la multitud.
Aunque el número de espectadores que asisten a las corridas está en declive, todavía parece haber un mercado de turistas curiosos y españoles apasionados que mantienen la industria viva, aunque recientes informes en la prensa local indican que debido a dificultades financieras, Balaña, la compañía con el arrendamiento de la Plaza Monumental, se verá obligada a cerrar sus actuaciones. Si esto ocurre, será difícil, si no imposible, resucitar el deporte en Barcelona, pues la construcción de plazas de toro ha sido desestimada por el ayuntamiento. Mientras tanto, el futuro de la Monumental permanece incierto.
Fuente: Gaizka Pujana

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