Son negocios; nada personal...

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Probablemente sea una de las frases que más ha escuchado en su vida: “Son negocios; nada personal”. Y tal vez, deba escucharla unas cuantas veces más.

Por supuesto, es una hermosa frase para decir y terrible de recibir, ya que, claramente, supone ganadores y perdedores.


Sin embargo, ¿es esto cierto? ¿Las decisiones que toma en cuanto a su familia, su empresa o su vida, tienen que ver sólo con negocios, o son decisiones personales?


Al juzgar por lo que la vida nos enseña, podríamos decir que todo tiene que ver con los negocios, o al menos debería. Pero esto no es cierto.

Las emociones están presentes en las decisiones cotidianas de todas las personas. Y, para bien o para mal, eso nos diferencia del hombre de hojalata.

A veces difíciles, las decisiones laborales deben alejarse lo más posible de los sentimientos personales, tanto para el bien de las personas involucradas como para el bien del negocio.

No obstante, toda decisión implica una carga emocional. Un despido implica una carga emocional. Una venta importante implica una carga emocional. Una quiebra implica una carga emocional.

La ley de la selva
Una de las primeras cosas que se aprenden acerca de los negocios es que no son fáciles. Salvo que haya nacido en una cuna de oro, usted deberá sudar la frente como la mayoría de los mortales para llevar el pan a su mesa.
Es como la ley de la selva, donde el predador va por su presa, con la diferencia de que existen algunas reglas éticas y morales...
¿Existen reglas éticas y morales?
Lo único cierto, es que hay decisiones que van a su favor y otras que vienen en dirección contraria. La mayoría de la gente entiende que se trata de negocios (nada personal), pero, generalmente, esta parece una frase cierta cuando los problemas no rozan a quien la emite.

Es decir, cuando les pasa a los demás son negocios. Una vez que las cartas están jugadas, entonces sí es personal. Y ese es el error.

Para incrementar sus ganancias y moverse hacia delante, deberá pasar por sobre los egos de las personas, que intentarán sujetarlo de los tobillos, y saber que cada éxito en su carrera representará un nuevo enemigo.
A menos que sea realmente un tipo despreciable, usted no debería prestarle la más mínima atención a estos sentimientos. Al igual que en la selva, en el mundo de los negocios la supervivencia es para el más apto, y aquellos que no lo entienden deberían salirse del juego.

“No lo tomes como algo personal”
Como ya se ha dicho, es muy fácil decirlo, pero nadie quiere escucharlo. Oír este tipo de frases es una tortura. Pero, ¿es un torturador quien las dice? ¿Existe un disfrute en esas palabras? Tal vez sí. Y tal vez todos las hemos dicho.

Sin embargo, estadísticamente, la mitad de las veces usted debe ser el receptor de la frase. ¿Y cuál es su reacción? Por lo general, al principio, usted pensará que se trata de algo personal, para luego darse cuenta de que son negocios.

Pero después, razonará que la falta de respeto y el desprecio implícitos en la frase son algo personal. Y el desprecio no es algo que usted deje pasar por algo. Y la falta de respeto tampoco.

Pero, si verdaderamente son negocios y los toma de manera personal, usted tiene un problema. Tal vez no le guste ser rechazado, o tal vez sea poseedor de un ego débil. Sea lo que sea, deberá superarlo. Entienda que es parte de la vida y, haya o no algo en su contra, los resultados ya están echados y no se alterarán. Continúe avanzando.

Si posee una empresa que está haciendo negocios con otra y, de pronto, confirma que le juegan sucio, no se sienta insultado. Estas cosas simplemente pasan.

Si trabaja para una prestigiosa editorial, y sus ideas para un nuevo libro son rechazadas, no vaya corriendo a llorar a los brazos de su madre.
Tenga en cuenta que sólo una de cada 100 ideas es aceptada y desarrollada.
Así y todo, si su cerebro aún no comprende lo que son los negocios, póngase por un instante en los zapatos de la otra persona. Si su competidor lo desplaza y se queda con sus negocios, mala suerte. Pero ojalá usted pudiera hacer lo mismo.

Por último, si su jefe toma una decisión que no le sienta bien, asimílela y siga adelante. Él toma cientos de decisiones al día que no les sientan bien a cientos de empleados.
Fuente: En Plenitud

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