Por qué vivir

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En momentos de soledad, abandono o muerte de seres amados, algunas personas sienten que la vida ha muerto con ellos, creen que nunca podrán superar ese dolor y que lo mejor que puede ocurrir es morir.

Ante una ruptura, abandono o fallecimiento de alguien especial, es necesario armarse de valor, retomar el control de nuestras vidas y encontrar lo bello en medio del sufrimiento. Se debe pensar que las personas deben querer a los demás por lo que son realmente, no sólo por lo que puedan ofrecer.

Tener claro que ninguna persona tiene el derecho de hacer sufrir o lastimar a quienes le rodean y quien realmente merece nuestras lágrimas, evitará hacer llorar. Saber que el verdadero amigo es aquel que toma la mano, el corazón y la razón en un momento de crisis. Comprender que la peor forma de retener a alguien, es estar a su lado y saber que nunca lo podrá tener.



Evitar pasar el tiempo con alguien que no está dispuesto a estar con uno. Dejar de llorar porque las cosas terminaron, sonreír porque quizás fue lo mejor que pudo pasar. Entender que siempre habrá personas que quieran lastimar a los demás, que lo mejor es confiar en sí mismo y hacer elecciones adecuadas.



Esforzarse por dar lo mejor de sí, ser cada día una mejor persona, asegurarse de saber quién se es realmente. Dejar el apresuramiento, el afán, la angustia, la desesperación ante cosas que no suceden, lo mejor en la vida sucede cuando menos se espera, las cosas suceden por alguna razón, es importante reconocer esas razones, identificar errores cometidos, tener claro el tipo de vida se quiere llevar, los recursos que se necesitan para alcanzar las metas y el tipo de persona se desea escoger.


Nunca se debe olvidar la fe en Dios, aferrarse a Él, permite confiar en un futuro mejor, contribuye a sentir que todo es posible, de la mano con la fe está la esperanza, para desterrar la duda, dar lugar al positivismo, la alegría, confianza y amor.


El amor se convierte en el don más preciado de la vida, es generoso, se preocupa, da significado a la vida, la familia y los amigos. Nunca se debe menospreciar los sentimientos e ideas de los demás, hacer de lado aquello que se siente o se cree, tener presente lo bueno e importante, cultivar los sueños, luchar por alcanzarlos.


La felicidad no radica en nuca sufrir, se basa en la habilidad para superar la adversidad, para encontrar lo positiva en medio del dolor, para conceder valor a la vida en medio de la muerte.
El éxito personal, el mérito está en alcanzar las cosas de manera honesta, sin temor a lo difícil, al engaño ni la soledad. La vida muestras caminos muchas veces incomprendidos, es necesario tomarse el tiempo para conocerlos, analizarlos y aprender de ellos. Concederle valor a las cosas, personas y situaciones.


Hacer del mundo un lugar mejor, contribuir a la felicidad y estabilidad de la familia, aportar al crecimiento de nuestra sociedad, vecindario y grupos de trabajo. Recordar las pequeñas cosas que engrandecen la vida, los detalles que alimentan el alma y enriquecen el espíritu, reconocer el verdadero significado de la vida y el valor de aquellos que nos rodean, para que finalmente comprendamos por qué vivir en lugar de sólo vivir, sin una razón, ni un horizonte que guíe nuestro actuar, nuestros sentimientos y nuestro paso por la vida.


No desperdiciemos la vida inútilmente, apreciemos las cosas buenas y no tan buenas, las personas que tenemos a nuestro lado y las que hemos perdido, de todas, tenermos algo nuevo y bueno que aprender. Reconozcamos las capacidades y logros alcanzados por los demás, también ellos tienen el derecho que se les reconozca su esfuerzo, hagamos de lado la envidia, ésto sólo nos conduce a la soledad y la amargura.
Fuente: Maritza Rocío López, Psicóloga

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