Excusas: Un Salvoconducto para no Cumplir

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Dice Gabriel García Márquez en un artículo publicado en el diario El País de Madrid el 24 de enero de 1999 que la literatura de ficción la invento Jonás cuando convenció a su mujer de que había vuelto a casa con tres días de retraso porque se lo había tragado una ballena. Tengo muy buenas razones para creer en la Biblia y afirmar con seguridad que en ella no hay una sola línea de fantasía.

Sin embargo me gusta mucho la ocurrencia de nuestro premio Nóbel y por eso la tomo para introducir esta nota sobre un tema en el que los seres humanos nos hemos vuelto verdaderamente expertos: las excusas, las hay de todo tipo: las ingeniosa, las desgastadas, las convincentes y las desprestigiadas. Y las usa todo el mundo especialmente quienes no pueden atender algún compromiso los impuntuales y los mala paga.

Para toda ocasión existe una excusa y para cada caso una explicación. Algunas veces logran su objetivo y otras mas son causa del ridículo para quienes las inventan, como es el caso aquel en el que llega un señor cierta oficina buscando a Antonio, uno de los empleados.
¿De parte de quien? Le pregunta la secretaria.
De parte de su tío Federico.
¡No puede ser!, responde sorprendida la funcionaria y agrega: ¡Antonio pidió permiso para asistir esta tarde al funeral de usted!
Cuando a alguien le prestan un libro y no lo devuelve, la excusa infalible es: «No le he devuelto el libro porque aun no lo he terminado»
Una excusa bastante usada por los picaros roba libros es aquella frase según la cual no se sabe si es mas tonto quien presta un libro o quien lo devuelve y descaradamente anuncia su intención de quedarse con el texto, como lo han hecho algunos de mis malos amigos.
La mas utilizada por quienes llegan tarde es: « No pasaba el colectivo» o «Yo vivo muy lejos» o cualquiera por el estilo. Dejar de asistir a una reunión no es pecado, ni delito, pero siempre es bueno ofrecer una justificación cuando esto sucede. Y la enfermedad suele ser muy buen auxiliar en tales casos. Por eso se escucha con tanta frecuencia la frase «No vine porque me enferme de...»

Los puntos suspensivos remplazan el amplio catalogo de enfermedades de este tipo de incumplidos, a quienes es mejor aceptarle las excusa antes de que comiencen a contar sus excesivos padecimientos». Una variante de esta justificación es: «Se me murió mengano». Generalmente comienza con los primos lejanos, siguen con los tíos y terminan con los parientes políticos.

Al final se quedan sin familia y tarde o temprano caen en la propia red de sus mentiras. Entre los estudiantes es muy frecuente escuchar: « No le pude entregar el trabajo porque en el sitio donde me lo estaban transcribiendo se fue la luz» o se dañó la impresora a última hora, o se tardaron demasiado o se metieron los ladrones y se robaron los equipos o un huracán destruyo toda la edificación.

Parece increíble el extremo a donde puede llegar la creatividad cuando se trata de justificar lo injustificable o de explicar lo inexplicable.

Fuente: Alejandro Rutto Martínez

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