¿Y si fuera “casi” todo falso?

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Dos entes del pasado se cuelan y se enfrentan en nuestro presente vitalmente dialéctico cuando hablamos de Jesús: el Jesús todo amor, venerado por almas cautivadas e inflamadas por él, y el real, existencial e histórico Jesús.

Bien saben que eso de “el Verbo se hizo hombre” no tendría sentido alguno sin la referencia obligada al “tempus hystoricum”. Y para responder a uno de los criterios científicos que yo citaba en otro artículo anterior --referencias exógenas-- remiten a textos coetáneos, siempre los mismos como no podía ser de otra forma.


La referencia a los propios evangelios como documento y prueba no sirve; incluso biblistas de su propio entorno no les conceden crédito alguno histórico. Menos, por supuesto, historiadores independientes de la creencia cristiana.

Quizá no esté al alcance de los lectores la consulta de dos de los pasajes más importantes que manejan los crédulos para aseverar la historicidad de Jesús: el tan manido de Flavio Josefo y el de Cayo Cornelio Tácito.

Ya, de hecho, produce cierta desazón que recurran a textos minúsculos que aparecen como de pasada dentro de una obra monumental.

FLAVIO JOSEFO: "Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio. [Fue autor de hechos sorprendentes; maestro de personas que reciben la verdad con placer]. [Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron]. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Éste lo condenó a la cruz [Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Porque al tercer día se les manifestó vivo de nuevo, habiendo profetizado los divinos profetas éstas y otras maravillas acerca de él]. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido”.
Las frases entre [ ] son, según criterio contrastado, interpolaciones posteriores.

CAYO CORNELIO TÁCITO.- “Y así Nerón... dio por culpados de él [incendio de Roma] y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procurador de Judea. Por entonces se reprimió algún tanto aquella perniciosa superstición; pero tornaba otra vez a reverdecer, no solamente en Judea, origen de este mal, sino también en Roma, donde llegan y se celebran todas las cosas atroces y vergonzosas que hay en las demás partes".

Como no soy historiador, no pretendo juzgar ambos textos, pero sí incidir en lo que muchos historiadores dicen: tales testimonios no prueban absolutamente nada. Menos, desde luego, el de Tácito, que escribe su libro “Anales” hacia el año 112 d.n.e. y que simplemente recoge un hecho, el de que había seguidores de un señor al que llamaron Cristo.

Otro de los textos que citan, la carta de PLINIO a Trajano, sólo se refiere a cuestiones de procedimiento, pidiendo instrucciones de cómo obrar con la secta de los cristianos. Para el caso indiferente.

Jesús probablemente existió --yo ni lo creo ni lo dejo de creer-- como existieron muchísimos predicadores, agitadores sociales, profetas, guías... en un tiempo de gran turbulencia social, unos con la buena fe de fustigar conductas y otros, charlatanes embaucadores de gentes sencillas (nihil novum sub sole).

De ello a deducir que el tal Jesús era Cristo, Dios, taumaturgo, varón de dolores, resucitado y todo lo que “el de Tarso” deduce, va un abismo, el que separa a las personas que leen, piensan, RAZONAN, se informan y deciden , de quienes creen, revuelven, sienten y se dejan guiar por tal sentimiento.

El imperio de las emociones –-también de las pasiones--, hay que tenerlo en cuenta como fundamento de la conducta, sí, pero no de la verdad explícita; por sólo ese camino la humanidad ha generado tanto las religiones como los Auschwitz’es y Ruandas que en el mundo han sido.

Y, cuidado, esas hecatombes no las procura la racionalidad, que la simplificación también trae consecuencias interesadas.

Fuente: Periodista Digital.com

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