Darwin el hombre

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Charles Darwin escribía en su cuaderno de viaje:
“…Estos primeros meses a bordo del Beagle son unos meses muy tristes…”.

Darwin lógicamente no era consciente de que su viaje sería el acontecimiento más importante de su vida.

Su aventura duró cinco años y no sólo cambió definitivamente su percepción de lo que le rodeaba, sino que alteró las creencias de millones de personas, produjo divisiones en la Iglesia y escisiones entre corrientes científicas.


Mucho se habla en estos días de la figura de Darwin conmemorando el aniversario de los 200 años de su nacimiento y 150 de la publicación de su famoso tratado EL ORÍGEN DE LAS ESPECIES.

En este “blog” ya se ha hecho referencia a lo esencial de su pensamiento y significación reflejado en el ensayo de Emérito, así que nada más puedo añadir al respecto ya que comparto la disertación en su totalidad.

Voy a rememorar a Darwin desde otros puntos de vista.

Sus teorías, aceptadas o no, siempre provocan la eterna discusión: ¿Creacionismo o Evolucionismo?

Si nos situamos en el contexto del 1800, veremos que las disciplinas académicas combinaban la ciencia --Medicina, Matemáticas (euclidianas por supuesto), Zoología...-- con la Teología y la Filosofía Teosófica. Darwin no fue una excepción. Cursó la mayoría de estas disciplinas y, si bien embarcó en “la expedición” como naturalista, su intención era ser un futuro pastor de la Iglesia anglicana.

Con este bagaje cualquiera se hubiese limitado a recoger muestras y catalogar nuevas especies. Pero paradójicamente a veces, en la rutina, se produce una anomalía. Darwin, criado en la cuna de lo “políticamente correcto”, cuenta con poderosos aliados: curiosidad, perseverancia y un elogiable sentido común.

En su autobiografía, publicada en 1887, manifiesta:
“… Al mirar atrás veo ahora con claridad como mi amor a la ciencia se fue imponiendo gradualmente sobre todo lo demás…”.

Un momento relevante en la trayectoria de su viaje, lo encontramos en su periplo por Australia. Fue en ese contexto donde empezó a cuestionarse el principio de la teoría de la Creación. El continente oceánico albergaba una flora y fauna sorprendente a los ojos de un observador del antiguo continente. Para Darwin el hallazgo de especímenes como el ornitorrinco o el lobo marsupial fue la constatación de que algo no cuadraba con las ideas establecidas:

“… Al observar las especies australianas, tan diferentes a las europeas o americanas, dudo de que un solo Creador haya podido concebir algo tan bello y al mismo tiempo tan artificial...” El origen de las especies, 1859

Su observación de la fauna pronto dio resultados. Si bien es cierto que su “Tratado” estudia más a fondo los pájaros "pinzones", su estudio del lobo marsupial precipitó su postulado. Se preguntaba el por qué los lobos australianos y los europeos, siendo ambos lobos, seguían caminos tan distintos.

“… Las especies no son inmutables, sino que por el contrario, pueden sufrir, y de hecho sufren cambios y transmutaciones…” El origen de las especies, 1859

Darwin fue más allá. Fundado y apoyado en más de 20 años de observación enumeró las posibles causas y padrones de la evolución:
1. Efecto de variación geográfica
2. Herencia biológica
3. Dimorfismo sexual
4. Registro fósil…
Con ello, y entre otros efectos de su investigación, Darwin unificó disciplinas: Paleontología, Anatomía, Fisiología, Embriología… Es evidente que su obra "El Origen de las Especies", constituye un antes y un después en la historia del hombre.

Si bien su obra es trascendental y marca un antes y un después, yo siento una especial atracción por la figura del “hombre”, ese joven Charles prototipo del individuo de 1800, destinado a la vida religiosa por propia voluntad, que fue capaz de prescindir de su “herencia cultural” para fiarse de sus propias intuiciones.

Si después de 200 años todavía provoca divergencias en la comunidad científica, no digamos nada la conmoción que ha supuesto en las creencias religiosas, con el rechazo frontal a determinados aspectos de sus teorías por parte de sectores de la Iglesia católica, pensadores cristianos y, sobre todo, sectas protestantes de EE.UU.

Pero no menos cierto es que gracias a este peculiar personaje, el hombre puede tener una concepción sobre si mismo libre de muchas leyendas.

Para aquellos que banalizan y trivializan la evolución en lo que al hombre afecta, quizá porque no se han enterado lo suficiente de lo que Darwin afirma, el hombre “no proviene del mono”. El antepasado de todos los mamíferos es un pequeño mustélido, parecido a una musaraña, que vivió hace más de 80 millones de años. De hecho se pierde la conexión hace 6 millones de años, momento en que nos separamos de los póngidos y aparecen los primeros Australopithecus (Africanus, Robustus, Boisei y Afarensis) a la vez que los primeros Primates. El Pitecantrtropus Erectus es considerado como el posible “eslabón perdido”.

Sin Darwin no hubiésemos podido llegar a estas teorías. Él fue el primero en relacionar los restos fósiles con los seres vivos.

Yo no me cuestiono la incompatibilidad o no de su teoría con la doctrina de la Iglesia: simplemente, hoy, me “quito el sombrero” ante tal HOMBRE, con mayúsculas, que no homínido.

Fuente: Almudena García Prieto.

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