"Mi reino no es de este mundo" ¡Menos mal, porque si lo llega a ser...!

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Tiempo ha comencé a recopilar datos, información, documentos, referencias, libros, fuentes y bibliografía en general... encaminado todo ello a la redacción de un libro sobre el Origen y Extensión del Poder Económico de la Iglesia a lo largo de los siglos.

La originalidad es patrimonio de pocos y nada hay nuevo bajo el sol. Mucho hay escrito sobre esto, con libros sobre el tema y, sobre todo, documentación disponible en archivos eclesiásticos, monacales, diocesanos o parroquiales.


No creo que siga. El proceso y estado mental que ha generado en mí de manifiesta parcialidad, a la vista de lo que uno ha descubierto o puede ir descubriendo, me impediría un trabajo exento de opinión. Aunque siempre serían posible las "reflexiones en torno a..."

Por ser un tema tangencial en los tratados de historia --menos en la historia de Primaria o Secundaria-- tampoco es asunto del acervo cultural popular, desde luego. La masa popular hoy más "enterada" que hace siglos ignora el descomunal expolio propiciado y usufructuado por la Iglesia católica. Expolio decimos principalmente por el "modus operandi", no admisible ni siquiera en otra organización secular. Cuánto menos en una sociedad cuyo lema es "no ser de este mundo".

Constatar lo que la Iglesia llegó a poseer principalmente entre los siglos V y XVI --y son muchos años juntos y seguidos-- produce mareo, causa verdadero rubor historicista, subleva la inteligencia y enciende la voluntad. Precisamente las mayores revueltas de campesinos se dieron en territorios "controlados" por la Iglesia.

Véase aquí uno de los motivos, entre varios desde luego, de la vesania popular contra "curas y frailes" que de cuando en cuando estalló en variadas ocasiones a lo largo de la historia.

La primera exclamación a la vista de lo que uno descubre es un "¡No es posible!". Es el deslumbrante choque de la realidad eclesial frente a las diatribas lanzadas por el Fundador contra los ricos y la acumulación de riquezas. Cualquiera ajeno a ello no podría por menos que lanzar una carcajada ante la frase "mi reino no es de este mundo" que debería resonar en sus oídos "ex hoc nunc et usque in saeculum".

No, no es admisible la coletilla tópica de "eran otros tiempos". Podría serlo de no existir, a la entrada del reino eclesial, la inscripción "Mi reino no es de ese mundo"; o si se hubiera extendido durante un corto periodo de tiempo: ¡pero tal imperio económico ha corrido paralelo a la historia de la iglesia! Es un género de sarcasmo comparable al "Arbeit macht frei" que yo vi en el campo de concentración de Sachsenhausen, a 40 km de Berlín, donde fueron encerrados los tristemente famosos represaliados por la Operación Walkiria.

Descubrimos un "reino espiritual" donde, paradójicamente, toda corrupción moral tiene su asiento. Todo lo que podamos pensar sobre personajes corruptos del presente, todo lo que se nos ocurra respecto a exacciones, sobornos, presión psicológica, legislación interesada, recalificación de bienes muebles o inmuebles, apropiaciones de todo tipo, todo, todo ello fue ensayado y puesto en práctica por la Iglesia en estos siglos.

Ciertamente que también encontramos una línea asistencial digna de encomio --que no logra apagar el eco del "Mi reino no es de este mundo"--. No dejaban de ser sino las migajas que caían de la mesa del rico Epulón y que es el argumento recurrente que hoy esgrimen: la Iglesia socorrió a la masa ingente de pobres... No les libra de la invectiva histórica.

No se piense que eran situaciones coyunturales; que eran satrapías individualizadas; que eran usos extraños y no era el proceder general de obispos, monjes y sacerdotes... No. La situación era estructural. Y de esa situación se beneficiaba la masa clerical llamada de "manos muertas".

Revolviendo documentos y como si de un índice temático se tratara, encontramos prevaricaciones contra el aserto "mi reino no es de este mundo" de todo tipo:

-la confiscación de los bienes de la religión oficial pagana, que está en la base del poderío económico adquirido por la Iglesia ya desde sus inicios;

-continuación de los usos paganos respecto a los bienes de los templos, atribuciones de los sacerdotes, donaciones, etc.

-falsificación de documentos sin cuento

-presión sobre testamentos

-legislación aprovechada sobre intestados

-préstamos con interés, funcionando monasterios, catedrales, etc. a modo de bancos

-feudalismo territorial

-donaciones poco menos que premiosas

-imposición obligatoia de porcentajes exactivos de todo tipo

-el diezmo como base

-costumbres asentadas relativas a donaciones a favor de la Iglesia,

-el uso indiscriminado de la excomunión por motivos crematísticos

-la simonía y el nepotismo extendido de manera generalizada

-donación de todos los bienes, especialmente las viudas, a cambio de asistencia en la vejez (recordemos que la esperanza de vida en tales épocas rondaba la media de los 40 años)

-usurpación de atribuciones de índole político en los niveles bajos de la escala social

La lista se podría ahora llenar con casos y casos y casos a lo largo y ancho de Europa, pero eso será otro día u otro siglo.

Fuente: Organización y Jerarquía

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